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Frank Báez, el otro poeta callejero

Frank Báez, el otro poeta callejero

Frank Báez escribe poesía, crónicas y cuentos para quienes vieron The Karate Kid en Telesistema, para quienes han contemplado los posibles beneficios de ser mitad poeta y mitad DJ, y para quienes compran libros que trajo el mar.

Para bien o para mal, en los circuitos literarios de Estados Unidos dicen que Frank Báez es “como un Junot Díaz dominicano”.

Bien de ironía.

Báez, rescatista literario de esa tierra de nadie capitaleña apodada Los Kilómetros, publicó su primera colección de relatos, Págales tú a los psicoanalistas, en 2007. En esa ocasión, la tirada fue financiada por un premio de la Feria del Libro, pero desde entonces sus piezas han contado con el espaldarazo de casas como la española Seix Barral —la colección de poesías con desparpajo Este es el futuro que estabas esperando—, la dominicana Ediciones de a Poco —con Postales,, la ganadora en 2009 del Premio Nacional de Poesía Salomé Ureña—, la traducción al inglés de Anoche soñé que era un DJ por Jai-Alai Books y hasta el sistema de autopublicación de Amazon —ahí se permitió el capricho de sacar La trilogía de los festivales—.

Su última colección de crónicas, Lo que trajo el mar, fue lanzada recientemente por la casa puertorriqueña Ediciones Aguadulce. Ahí cuenta su experiencia como uno de los tantos niños que fueron llevados obligados al dojo local luego de que Telesistema comenzara su ofensiva sabatina con The Karate Kid. O la racionalización, después del hecho, de un casi-atraco en Colombia. O el encuentro entre de una gata loca —una mujer— y un gato loco —un animal que hace ‘miau’— durante un invierno en Chicago.

Frank Báez escribe poesía y narrativa dominicanas para quien se pregunta si hoy vale la pena creer en la poesía y la narrativa dominicanas. En esta entrevista habla sobre la relación entre la literatura local y el cine Made in RD, la posición del escritor dominicano joven en el mundo y cómo el género de la crónica lo aguanta todo.

¿Por qué crees que en República Dominicana no hay más iniciativas del sector privado para apoyar la difusión literaria?

Se lee poco. La literatura no está en las prioridades de nadie. Se habla tanto de la industria del cine y resulta irónico: ¿Cómo puede haber una industria del cine si no hay un buen teatro, una buena literatura? ¿De dónde salen la mayoría de las historias? En todas partes se toman obras de teatro, de la literatura y se adaptan al cine. Esa es la norma. Pero el séptimo arte es una industria pujante, mientras se descuidan los otros seis. Pero siempre he pensado que hay una relación entre todas las manifestaciones artísticas, y si cojea una, eso se nota en las otras.

A nivel visual las películas no están cojeando tanto, pero a nivel de guión y edición tienen fallos notables.

Aquí hay una escuela de diseño buenísima [en La Romana] y muchos van y se preparan en la escuela de cine en Cuba… pero falta el contenido. La gente ya prácticamente sabe cómo puede llevar una película estéticamente, pero falta la sustancia. Una persona que trabaja en el cine la tiene difícil, porque debe saber no solo lo que pasa en su área, sino también en literatura, música y teatro, por todas las influencias que recibe. Quizás un músico no tiene que saber tanto de literatura, pero para alguien que trabaja en cine es algo complejo.

¿Y nunca te han llamado para trabajar un guión?

Como 800 veces. Pero, ¿para qué voy a hacer un guión si puedo escribir un cuento? El mejor escenario sería escribir una novela o un cuento y que alguien me diga que quiere adaptarla. Es mejor escribir un cuento que un guión, porque si la película no se hace, el guión se pierde, porque no es un medio que ha llegado a su fin. Nadie publica un guión, nadie compra un guión anónimo. Mucha gente puede perder la oportunidad de seguir desarrollando su arte por estar esperando a que Fulanito haga la obra o la película. Uno tiene que disfrutar el proceso de trabajar en su medio, enfocándose en la gracia de los detallitos de publicar en editoriales pequeñas. ¡Aquí falta tanto por contar!

Pero también hay una obsesión con el cine: a cada rato me preguntan si saqué el carnet de la Ley de Cine, o veo que todo el mundo tiene un proyecto.

¿Entonces Santo Domingo no es ahora Nueva York chiquito, sino Los Ángeles chiquito?

¡Claro! Aquí entras a un colmado y el colmadero te dice que va a hacer una película. Yo escribí un poema sobre eso, llamado Cinematográfica dominicana. Ya llegamos a un momento de locura. De un lado tienes gente que te habla de cine de manera pretenciosa, y de otro lado ves que solo se publican tres libros al año. Hay un problema extraño.

¿De ahí tu afán por llevar tus piezas fuera del país?

Aquí en República Dominicana publico poco. Publico más en revistas y editoriales de fuera, porque hay más soluciones a nivel internacional. Cuando salió el libro [Lo que trajo el mar], se vendieron 100 ejemplares en Santo Domingo, entre el lanzamiento y una distribución que hice yo mismo. Para mí el público lector no pasa de 500 personas. Si pasa de ahí, estás logrando mucho. No lo veo mal, sobre todo pensando en cómo está el país… pero tú buscas que tu literatura trascienda. Ya he encontrado un hueco para publicar mis cosas, y estoy publicando en una editorial grande, como Seix Barral. Este año en el Hay Festival me eligieron como uno de los 39 mejores escritores menores de 40 años en Latinoamérica, y eso te da oportunidades, visibilidad. A partir de ahí vinieron un montón de ofertas.

Cuando salió la traducción de Anoche soñé que era un DJ en Estados Unidos, eso me abrió un mundo de universidades que yo no me imaginaba. Te pagan por ir a una conferencia a una universidad. Eso te ayuda a vivir y seguir trabajando y organizándote. En Estados Unidos hay muchos proyectos de poesía en las universidades, y la editorial mía allá tiene esos contactos y puedes hacer un book tour.

Increíblemente, viviendo aquí en Dominicana tienes más posibilidades de viajar que si vivieras en Estados Unidos. Allá quieren un dominicano de los que viven en la isla (risas). Eso te ayuda; a las universidades les interesa la diferencia entre la gente de la diáspora y la gente de acá, y el hecho de que vas con tu traductor lo lleva a otro nivel. Hay pocos escritores jóvenes dominicanos, y relativamente solo ha tenido éxito Junot Díaz. Me imagino que a un escritor colombiano le deben preguntar por García Márquez hasta el infinito. Pero eso despierta interés, porque no tenemos tantas referencias literarias internacionales que hayan trascendido, más que nada por temas de mercado. Nosotros los dominicanos olvidamos que mucha gente no tiene ni idea de qué es nuestro país. A una persona allá le dices que vienes de aquí y piensan que está en África.

Hasta en América Latina hay opciones de ir a muchos sitios. Eso te da la posibilidad de vivir. A falta de una industria local que se sustente y te dé alguna posibilidad, tienes que buscar opciones aparte. Es más fácil que inviten a uno de República Dominicana, que no hay tantos escritores, que a un escritor de México. Ahora, allá en México se pueden optar a queseyocuantos millones de becas, que aquí no hay. Hay pros y contras. Como artista uno tiene que buscar la salida. Cuando yo tenía 19 años eso de investigar sobre becas para estudiar fuera era lo más difícil del mundo; había que ir a una embajada a buscarlo, un universo cerrado. Ahora con un clic se resuelve. A mí hasta me da envidia… pero igual la literatura es para gente que tiene pasión por esto, que tiene que escribir o se muere. ¡En qué gancho yo caí!

¿De dónde salió este último libro, Lo que trajo el mar?

Generalmente uno entrega un libro ya terminado a la editora, pero esto surgió de una invitación abierta para trabajar con Aguadulce en Puerto Rico. Yo quería publicar unas crónicas, pero no sabía cuáles. En un principio iba a ser sobre un viaje a realizar a Puerto Rico en ferry, y lo iba a documentar.

¿Tipo A Supposedly Fun Thing I’ll Never Do Again?

Eso, pero en un trayecto más corto. Pero cuando ya lo estábamos planificando, el ferry se quemó. Cogió fuego. Creo que fue la cocina, algo así.

Ke detrusión.

Lo azaramos, de alguna manera. Al final eso coincidió con la muerte de mi padre, y decidí organizar una serie de crónicas para que la gente pudiera leerlo en secuencia. Mi papá me acercó a la poesía con un poema de Dylan Thomas; eso lleva a un concierto de Bob Dylan, a Joan Baez. Hay una relación familiar, para que el lector sienta que está pasando por ambientes conocidos, con personajes que pueden repetirse. Está la de Karate Kid. Hay una crónica dedicada al trabajo [del artista plástico] Tony Capellán. También, yo presento muchos libros —yo soy de la gente que alguien saca un libro y me invitan y yo presento—. Hay algo sobre eso. Hay ensayos, artículos, crónicas. En esa mescolanza, que llamamos crónica porque ese nombre lo aguanta todo, sale la idea de algo caribeño en el medio del mar. Eso es bonito.

Síguelo en su Blog: Frank Invita

Fotos: Christian Duval