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Art & Design

Antes de que se acabe la Bienal de Venecia

Antes de que se acabe la Bienal de Venecia

La Biennale, una visita en la lista de deseos de los amantes del arte contemporáneo, cierra este 26 de noviembre. ¿Cuáles son los pabellones e instalaciones imperdibles?

Una vez pasan las multitudes del turismo de verano se hace más placentero visitar la Bienal de Arte de Venecia: hay más opciones de alojamiento, el clima no castiga tanto y, sobre todo, ya no hay tal marea de gente en la ciudad.

En la edición 57 del evento, que cierra este 26 de noviembre, hay decenas interminables de pabellones nacionales, muestras fuera de sede y eventos paralelos. Sin embargo, por restricciones de agenda, muchos viajeros solo pueden dedicar 24 horas al recorrido. Para no perder tiempo, acá les paso una lista de mis recomendaciones imperdibles, recopiladas tras una investigación de dos meses almorzando tramezzinos y tomando vaporettos. Más que enfocarme en artes visuales tradicionales, he preferido pasarles un listado de experiencias: esas instalaciones, performances e híbridos inclasificables que no se pueden entender a través de una pantalla, sino en carne propia.

LA MÁS BULLOSA

Los niños Under Armour de Faust

Esta seguro ya se la saben, pero ese río suena porque trae mucha agua: el Pabellón de Alemania en Giardini salió arrancando pelucas al coronarse ganador del León de Oro. Faust, la pieza de la artista Anne Imhof, es die Mutter de todas las experiencias de la Biennale: en un espacio mayormente vacío, con el piso levantado por unas plataformas en vidrio, un grupo de jóvenes salidos de un anuncio de Under Armour se montan una tortuosa coreografía que incluye saltos mortales y hipsters por los aires.

La duración total de la versión junior de Faust es de dos horas, y es recomendable quedarse a verla por lo menos por una, idealmente ambas. Esto requiere de planificación: el pabellón tiene una capacidad limitada, y las performances se hacen solo a las 11 de la mañana. Lo más acertado es que estén en la fila a más tardar las 10:30.

Una vez estén dentro, por el amor de Goethe, no cometan el error de muchos asistentes, quienes en busca de la selfie o el vídeo para Instagram Stories le bloquean el paso a los pobres bailarines. Después de ir varias veces, mi recomendación logística sigue siendo la misma: ubíquense en el salón central, en uno de los ángulos cercanos a las puertas. Siéntense tranquilitos. Suelten la cámara. Admiren la combinación de movimientos y el sonido multicanal desde ahí. Puede que, como yo, terminen con uno de los bailarines en posición supina justo debajo de las nalgas, con una mano separada solo por el vidrio, pero esa es parte de la experiencia. Asústense un chin. Maravíllense con el control corporal de los muchachos. Cójanles pena cuando los vean mojados. Van a salir del Pabellón con un interés renovado por los movimientos corporales involuntarios de cada persona que vean caminando por ahí.

LA MEDIO BULLOSA

Pabellón Francia
Veilhan con uno de los músicos invitados de Studio Venezia

Una vez terminen con Alemania, crucen al frente al Pabellón de Francia. El lobby va a estar misteriosamente silencioso, pero una vez den la vuelta a la pared de corcho se van a dar cuenta de la razón: el artista Xavier Veilhan convirtió el edificio en un estudio de grabación con un aislamiento acústico de leyenda. Ahí dentro van a poder ver más de 100 músicos invitados durante sus sesiones en vivo. Aunque las grabaciones de Studio Venezia no tienen un horario determinado, por lo general tocan después del mediodía. Veilhan quiso compartir con el público el proceso de la creación y registro musical, con todo y selección de instrumentos, arregladera de espacios sonoros e improvisaciones. No hay que hacer reservación: se puede entrar cual dueño y sentarse en uno de los banquillos de madera a ver los artistas tocar. Si van en un momento sin música, pueden hacer dos cosas: admirar la cobertura de volúmenes de madera en las paredes o ponerse de curioso con el muy accesible Veilhan —en la foto, el de camiseta negra—, quien básicamente está haciendo una residencia de seis meses en el pabellón.

LA SILENCIOSA

Un momento de belleza

Al inicio del pabellón principal de Giardini, en dirección oeste, está la entrada al jardín de agua creado por Carlo Scarpa para la biblioteca de la sede. Vale la pena ir solo por el valor arquitectónico del espacio, pero si se quedan por más de cinco minutos van a ver a una mujer asiática circular tranquila y pausadamente con una piedra en la mano. Ella es la guardiana de una silla de madera con un letrero que indica no sentarse. Durante su lento recorrido por el pabellón principal y el jardincito escoge una persona a la vez para sentarla en el lugar de honor. Una vez ahí, tras una segunda vuelta le trae al conejillo de Indias un sobre elegantísimo, y le da instrucciones de no abrirlo hasta que no viva un momento de belleza. Alerta de spoiler: ahí dentro está descrito un momento de belleza vivido por otra persona, recopilado como parte de la investigación del artista taiwanés Lee Mingwei.

¿Cómo se llama la obra? When Beauty Visits.

CHARLOTTE, I LOVE YOU

Doña Charlotte hablando metafóricamente de la inmigración

A los griegos les siguen gustando sus laberintos. En su pabellón nacional —ubicado en la zona detrás de la nave principal— el artista George Drivas ha creado uno por donde se circula a oscuras. En esta ocasión, el hilo de Ariadna es una historia sobre un supuesto experimento de microbiología que tuvo como consecuencia que unas formaciones nuevas se aferraran casi parasíticamente a las células con las que estaban trabajando. Al final del recorrido de Laboratory of Dilemmas, a donde uno llega tras al menos cinco sustos dada la superficie negra reflectiva de las paredes, hay un vídeo en el que un panel de altos directivos y representantes gubernamentales deciden si deben parar el experimento para, en teoría, dejar morir de hambre a las células nuevas. Si se ponen a pensar que Grecia es el primer punto que tocan muchos refugiados sirios, habrán dado con el mensaje detrás del experimento científico… y ese mensaje llega con frialdad añadida gracias a la mítica Charlotte Rampling, quien hace el papel de una alta representante gubernamental.

VAYAN BUSCANDO ACETAMINOFÉN (Y AGUA)

Los artistas Nathaniel Mellors y Erka Nissinen han convertido el pabelloncito finlandés en el momento WTF de Giardini: ahí, dos seres medio extraterrestres medio androides con apariencia de Moomin tienen una conversación sobre quién sabe qué —ellos dicen que es “el fetiche del progreso, el dominio de lo racional y una crítica a la naturaleza humana”—. Al salir de ahí les va a doler la cabeza, pero con un dolor del bueno. Para agregar leña al fuego: la estructura de madera fue construida por Alvar Aalto —la pieza, por cierto, se llama The Aalto Natives—, y hace calor dentro, mucho calor. Lógico que fuesen los finlandeses los que considerasen brindar la experiencia de un sauna en la Bienal.

MAMI CHULA

Casi a la salida de Giardini van a ver el Pabellón de Suiza. Entren y dedíquenle al menos 10 minutos a Flora, un vídeo de doble proyección donde un hijo en Estados Unidos descubre la vida previa de su madre en tierras europeas. Edipo, toma nota.

LA YEGUA

Cuando Claudia Fontes pregunta: "¿Suya, caballo?"

Ahora pasen a la zona de Arsenale. La artista argentina Claudia Fontes dice que The Horse Problem, la instalación gigantesca dentro de su pabellón nacional, hace referencia al uso del caballo como peón de fuerza laboral, a la crisis económica y a la rueda clasista en su país natal. Yo digo que entre el caballo y la mujercita enfrente debe haber por lo menos una referencia a la mujer que los argentinos llamaron “yegua” durante varios años, Cristina Fernández de Kirchner. La gente que va dice que es un lugar fantástico para hacerse una selfie si se es mujer y se lleva vestido.

JULIANNE Y ALEC CONTIENEN MULTITUDES

La sorpresa detrás de la cortina en el Pabellón de Sudáfrica

Si pasan por el Pabellón de Sudáfrica se van a encontrar con una Julianne Moore y un Alec Baldwin filmados contra una pared verde, hablando de sus experiencias como perseguidos políticos en Venezuela, sus conflictos religiosos en un país musulmán, sacando a flote una yolita de refugiados sirios cruzando el mar y como mujeres secuestradas en una nación africana. Durante varios minutos no van a tener idea de lo que está sucediendo. Fíjense, sin embargo, en los lentes de sol que usa Alec durante cierto testimonio, o en las pulseras de Julianne. Al pasar al salón contiguo, traten de atar cada accesorio a una de las seis personas grabadas: son ellos los verdaderos protagonistas de estas experiencias avasalladoras. El mensaje de Love Story, de la artista Candice Breitz, es simple a la vez que fuerte: solemos prestarle más atención a las banalidades de cualquier celebridad hollywoodense que a las situaciones de vida o muerte que a diario experimentan miles de civiles de a pie en todo el mundo. “A mi marido lo mataron”, dice una de las entrevistadas. “¿Acaso eso no es lo suficientemente importante como para salir en las noticias?”.

¿DE DÓNDE VIENE ESE SONIDO?

Un concierto de desconcierto en Composition for a Public Park

Las instalaciones de sonido multicanal hicieron mella en esta edición de la Bienal. En la zona de Arsenale hay dos excepcionales: la pieza SamaS de Zad Moultaka en el Pabellón del Líbano y Composition for a Public Park de Hassan Khan en el Giardino delle Vergini. La primera transcurre casi en total oscuridad, y le toma un tiempo a los ojos adaptarse a la falta de iluminación. Mientras tanto, el ping pong de voces humanas desconcierta y mantiene alerta, a la vez que poco a poco, en el extremo opuesto del pabellón, se van revelando columnas de leyes y armamentos, así como piezas de oro en representación del financiamiento de las actividades bélicas en ciudades del Medio Oriente. La segunda también desconcierta, pero por tratarse de una recua de bocinas con mente propia en medio de un parque. Tírense en la grama un ratico a volverse locos, ombe. Si tienen las patitas rápidas, al ir caminando de Giardini a Arsenale pasen por una tercera, fuera de sede: la coral de seis canales Music for the Gift en el Pabellón de Gales, ubicado en el convento Santa Maria Ausiliatrice cercano a la via Garibaldi.

Y YA PARA TERMINAR

En este astillero el arte es arte, pero arquitectura es arquitectura

Cercano al pabellón de Italia en Arsenale van a ver la enésima recreación de la instalación acuática Law of Situation, del premiado artista japonés Kishio Suga. Son 10 piedras planas que… ¿A QUIÉN LE IMPORTA? Disfruten la vista del astillero Gaggiandre, que con el agua que entra a los arcos es, en serio, es una de las cosas más hermosas que se inventaron los venecianos. Por cierto, ya al final del recorrido seguramente van a estar con los pies en remojo. Por suerte, justo al frente del astillero pueden tomar un carrito gratuito que les lleva de vuelta a la civilización.

NO ME LO HAGAS

  • Verán que no he hecho referencia al contenido del pabellón central, la piedra angular de Viva Arte Viva —el tema de la bienal este año—. Ignórenlo. La directora artística Christine Macel no hizo su tarea.
  • No paguen los 18 euros que cuesta la entrada a Treasures from the Wreck of the Unvelievable para apoyar al troll profesional de Damien Hirst y al Rico McPato de François Pinault. Ahora, si por alguna razón entran a la Punta de la Dogana, concéntrense en la maravillosa restauración que hizo Tadao Ando de un espacio de por sí impresionante.
  • No pasen por el pabellón de Venecia en Giardini, que es un anuncio. No lo hagan, no lo hagan.
  • El pabellón de Israel tiene moho literal en las paredes, porque #arte. Fuchi.
  • No sean tímidos: intenten reservar un asiento en Tavola Aperta, las sesiones de almuerzo y conversación con los artistas que se realizan en la mesa ubicada al lado de la tienda del pabellón principal. Yo lo hice varias veces, así de civil. En septiembre, octubre y noviembre hay varios encuentros —pueden ver el calendario aquí—, y vale la pena curiosear y escuchar de cerca cómo trabajan los artistas y cómo, en el caso de los representantes nacionales, llegan a la Bienal.
  • Que no vayan a lo de Damien Hirst, les dije. Es un crimen que tanto mármol de Carrara haya sido sacrificado tan payasamente para convertirse en un busto de Yolandi Visser, una estatua de Mickey Mouse o una Kate Moss gigante. #TienenQueParar

Fotos: Rab Messina y Nadine Fraczkowski (imagen del Pabellón de Alemania)